El coloquialismo: un arma de doble filo
- Paola Alejandra Cedeño
- 23 dic 2019
- 2 Min. de lectura

En el periodismo es necesario utilizar un lenguaje adecuado. Es preciso que el periodista ubique su léxico en un rango que esté al alcance de todo lector, sin dejar de ser profesional. El coloquialismo, un registro del que puede hacer uso el periodista, al igual que una moneda puede presentar dos caras. Por un lado, usar un vocabulario coloquial es bastante útil en diarios de tinte popular, gracias al entendimiento que logra; no obstante, este puede llegar a ser ofensivo si no se lo utiliza de manera apropiada.
A pesar de ser muy criticado, el registro coloquial puede resultar de gran utilidad para un medio impreso que quiere transmitir su noticia a un público amplio, puesto que al ser de fácil comprensión le permite conectar con un mayor número de lectores logrando una claridad y exactitud en toda expresión que utilice. “El periodista debe comunicarse con términos exactos, profesionales y coloquiales.” (Armentia & Caminos, 2003, p.13).
Sin embargo, el lenguaje de los medios debe ser, ante todo, correcto. Es necesario que favorezca al desarrollo de la cultura y la lengua. Es por esto que el lenguaje coloquial puede ser descartable, puesto que el uso de coloquialismos se presta a malinterpretaciones o incluso incita a contenidos sexistas u ofensivos que van en contra de la ética del periodista. Así mismo, existen temas que no pueden ser abordados desde un vocabulario coloquial, que requieren de un grado mayor de formalidad por el uso de términos dentro de su argot.
En su función informativa, siempre se coincide que el léxico de un periodista debe caracterizarse por su claridad, concisión, naturalidad y originalidad. Pero, desde el punto de vista estético se debe lograr un balance en las expresiones, no tan formal ni coloquial. “Lenguaje que sea equidistante de los dos extremos que en tal sentido constituyen por igual graves riesgos: la chabacanería, la vulgaridad, la ordinariez, por un lado, y la pedantería, preciosismo y el rebuscamiento cursi y ridículo, por el otro.” (Márquez, 1976, p.40)
En definitiva, el periodista debe ser hábil al momento de redactar. Hacer uso de un lenguaje coloquial no es totalmente incorrecto, sin embargo, se debe cuidar que dicho estilo sea claro, conciso, natural y, aún más importante, que no infrinja ni agreda la moral y dignidad de sus lectores. Del mismo modo, para enriquecer el texto periodístico se puede combinar el coloquialismo con un lenguaje formal, llenando de matices el texto redactado.
FUENTES DE REFERENCIA:
Armentia, J. & Caminos, J. (2003). Fundamentos del periodismo impreso. Barcelona, España: Ariel
Márquez, A. (1976). La comunicación impresa: teoría y práctica del lenguaje periodístico. Caracas, Venezuela: Centauro



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